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Día 15 de Septiembre. Ntra. Sra. de los Dolores. 

MARÍA AL PIE DE LA CRUZ 


   “De María nunquam satis”. “De María nunca se hablará lo suficiente”, de esta expresión que repiten muchos santos, el Papa Benedicto dice que “encierra una verdad más que nunca válida”. Por ello, sigamos hablando de la Virgen Dolorosa, que hoy la celebramos especialmente. Ella acompaña y sostiene a Jesús en su dolor y permanece junto a Él en el momento más duro; le respalda contra todos, en la más absoluta indefensión; le surgen preguntas sin respuestas, y mantiene la mirada, aunque duela… hasta el final. 

 Como en tantas mujeres hoy, allí donde la vida está en riesgo, madres incondicionales en su amor hasta el extremo, el espíritu de María se mantiene vivo en todas ellas, cuando la vida se hace tan difícil “que ya no se puede más”. María Dolorosa está presente, sosteniendo su esperanza, en todas las madres que acompañan a sus hijos en los procesos de enfermedades incurables, o en las madres de hombres y mujeres migrantes en la lucha por la vida y en todas aquellas que sufren y permanecen firmes ante el hijo o los hijos desaparecidos, maltratados o condenados por la defensa de los derechos humanos y de la justicia… Con todas ellas María se mantiene hoy firme junto a la CRUZ y nos pide nos pongamos a su lado con la esperanza de liberar el sufrimiento en el mundo.

 

Hornacina con una preciosa imagen de la Virgen de los Dolores

(Iglesia Parroquial Ntra. Señora de la Asunción en Hornos).

Comentaremos, el bello Canto o Secuencia, que se ha leído antes del Evangelio: “Stabat Mater Dolorosa, xustam crucem lacrimosa, dum pendebat Filius”. Meditemos su mensaje: 

1.-«La Madre piadosa estaba junto a la Cruz y lloraba mientras el Hijo pendía.

Estaba María frente a la Cruz de su Hijo, acompañada de Juan y algunas mujeres.  

María Madre, pura y limpia, padecía los dolores físicos del Hijo, al que amaba con ternura y con inmenso ardor.

María sentía un dolor tan grande, que sólo podía hallar alivio y, aún dulzura, en la suavidad interior que Dios vertiera en su alma.

¡Qué dolorosa es la herida, cuando la espada traspasa el alma!  

Así fue el dolor de la Virgen. Ya se lo había predicho el anciano Simeón, a las puertas del Templo y Ella lo iría descubriendo, día a día. Pero ya había aceptado ser la Madre de Dios, así que todo por su Hijo y todo por sus hijos, que somos nosotros. Porque los dolores de María tienen que ver con nuestros pecados.  

¡Madre Dolorosa ruega por nosotros!

2.-“¡Oh cuan triste y afligida se vio la Madre bendita llena de tanto dolor!”

Seguimos ponderando el dolor de María, dolor que le viene dado por su inmenso amor, porque jamás Madre alguna amó a su hijo en el grado que la Virgen María amara al Salvador. Ella padeció, junto a Él, triste y afligida, llena de pena por el dolor de Jesús.

Al contemplarte en tu imagen, postrados te bendecimos.  

¡Madre de Dios y Madre mía!

Que mis penas y caídas no te hagan sufrir más, Señora,  
pues que en Dios Misericordia me acojo humildemente  
y le pido, con tu dulce intercesión por delante,  
nos conceda su perdón.  

¡Señora Madre de los Dolores!, míranos desde esa tu casi tres veces centenaria imagen que nos preside;  
que sus ojos me enamoren,  
que su dolor nos conmueva,  
sus lágrimas nos purifiquen  
y sus manos nos acaricien hasta llevarnos a verla.  

Pues, al Cielo queremos ir, a contemplarte, Madre Buena. Al cielo, al cielo, ¡SI!  

3.-Y ¿qué hombre no llorara, si a la Madre contemplara, de Cristo en tanto dolor?

Nosotros hombres y mujeres, reunidos aquí para honrar a la Madre, preguntaos  

¿Quién no llorará al contemplar el dolor que inunda el cuerpo virginal de María?  

¿Quién no sentirá atravesado el corazón por la espada, la de dos filos, la del dolor de Jesucristo?  

¿Quién no entristecerá su alma, ante la Madre abrazada a la CRUZ, sintiendo sobre sí la Sangre derramada del Hijo, sangre de sus entrañas, fecundada del Espíritu? 

Hermanos y hermanas, nuestra Reina, Virgen Dolorosa, nos está pidiendo convertir el corazón, transformando las lindas flores que le adornan, en ramilletes de buenas obras  convertir nuestros cantares y poemas, en acciones de justicia, paz, solidaridad y misericordia. 


4.-“Por los pecados del mundo, vio morir al Hijo Amado. 

He aquí las causas de tanto dolor, dolor del Hijo compartido por la Madre… dolor de la Madre compartido por el Hijo. Y la causa no es otra que el pecado, nuestro pecado personal, nuestro pecado colectivo, aquél quedará en nuestra conciencia, pero éste trascenderá a la sociedad…  

por el pecado social hoy suceden tantas injusticias;  
disimulamos tantas verdades  
y aguantamos tantas mentiras.  

Bien sabemos que por los pecados colectivos, tantas y tantas veces, aplaudimos con nuestras manos, aprobamos con nuestros votos o con nuestros silencios, leyes contra Dios, que también destrozan a los pequeños y desamparados.  

La Dulce Madre, por todo ello, soportó tanto tormento y vio al Hijo Amado desamparado, morir. 

5.-“Oh dulce fuente de Amor, hazme sentir tu dolor para que llore contigo. 

Tierna invocación a la Virgen: ¡Dulce Fuente de Amor!  


Y le pedimos nos vincule a la Pasión del Nazareno, Nuestro Padre Jesús.

¡Sí! pedimos, desde nuestro interior,  
sentir su dolor;  
llorar sus penas;  
sufrir con Cristo;  
padecer con Ella…  
hasta que, abrasados de amor, al fin digamos “Vivo en Cristo, porque ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí” y las palabras de Pablo se hagan vida en todos nosotros, cofrades y hermanos.  

Llorar contigo,  
amar contigo y contigo, Santa María,  
abrazar a Cristo con todas las fuerzas de nuestro corazón.  

6.- “Y porque a amarte, me anime, en mi corazón imprime, las llagas que tuvo en sí.

Aquí está, Madre Buena, nuestro corazón para que imprimas en él los dolores de tu Hijo…  
dispuesto y abierto está para poder acoger tanto daño,  
tantos llantos,  
tantas heridas y penas,  
tantos lamentos y quejidos de Cristo y de la humanidad.  

Tú, que supiste compartir con Él su dolor,  
tú qué sabes tanto de Amor,  
haz que comparta con Vos, lo que con Él compartiste  
y así llevarás mejor la CRUZ que por mí sufriste.  

Flor de las flores, Señora, recibe mi ofrecimiento de enaltecerte en corazones y altares,  
donde se venere a Vos, Señora de los Dolores,  
depositado en tus brazos al Amor de los Amores.  

Reina y Señora, mirad al que desea reparar tanto mal,  
por el que hice pasar a Madre tan buena y bella,  
pues por ello padeció tu Jesús tan gran condena. 

7.- “Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo”

Llorar por los días en que viva,  
para poder consolar al Señor que da la vida,  
y, pues que tu Hijo es, y con tanto amor le tratas,  
hasta con dulzura y mimo,  
déjame que os acompañe en tal situación ¡te suplico!  

Yo prometo, mi Señora, que he de consolar a ese Cristo, cargado de Cruz, que es Nuestro Padre Jesús…  


Prometo sumiso implorar de su Misericordia el perdón  
y así, compasivo Él y así compasiva Vos, podré gozar en el cielo, generoso galardón,  pues espero de Vos alcanzar con tan espléndido don: la gracia, el amor, el perdón que me rediman al fin. 

 
8.- “Virgen de vírgenes Santa, llore ya con ansias tantas que el llanto dulce me sea.

¡Santa Virgen, Virgen Santa!, déjame llorar sin tiempo y que el caudal de mi llanto vaya borrando tus penas.  

Que no olvide su pasión, que presente me esté su muerte,  
que tenga siempre Señor, a nuestro Jesús Nazareno,  
ante mis ojos, tu amor,  
para así amarte más y para con ansias llorar cuanto te ofenda, Señor.  

Pues presiento, desde ahora, que la CRUZ del Nazareno  
es la que por siglos y siglos formamos el mundo entero,  
la que en la Madrugá de Jaén la lleva a hombros “el Abuelo”,  
esa dolorosa Cruz también la llevas Señora, Madre del Dolor Inmenso. 


9.- “Haz que su CRUZ me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio.

Haz que te siga cual Cirineo detrás de ti para siempre,  
sin apenas poder ser visto, pero muy cerca de Ti.  

Siempre enamorado de Ti, el único modo Señor de agarrarme a mi cruz y seguirte;  
será la fuerza que empuje a ayudar a mis hermanos en las cruces de la vida:  
la cruz del hambre y la sed;  
la del vestido y el techo;  
la cruz de la enfermedad o no tener libertad o sufrir en orfandad…  
que ayude al que no sabe, al que necesita consejo,  
que consuele al que está triste y perdone al que me ofende;  
por Ti llevar la cruz con paciencia de los defectos ajenos  
y rezar a Dios por todos, tanto por vivos y muertos.  

Así ayudaré a tu CRUZ y así padeceré contigo, así gozaré en los cielos con María y por los siglos de los siglos. 

10.-“Haz que me ampare la muerte, Cristo, cuando en tan fuerte trance, vida y muerte estén. 

Sé que quien murió por mí, me asistirá en la muerte, quien venció en la muerte me dará su gloria, y la Reina del Cielo, María, en ese día, la divina balanza de la misericordia la inclinará hacia mi, para poder subir a las moradas eternas.  


Madre de Misericordia, vida y dulzura nuestra,  
mira cuantos aquí te muestran su amor y veneración;  
ayúdales en la tierra a seguir la ley de Dios:  
es el amor a los hermanos y es el Amor a Dios… 
Y cuando llegue la hora llévanos hasta tu reino para allí cantar tus glorias, Reina y Señora del Cielo. AMÉN. 

Antonio Aranda Calvo 
Capellán de la cofradía de Ntro. P. Jesús Nazareno 
Y María Santísima de los Dolores de Jaén. 

 


 

 

II.- Día 14 de Septiembre. La Exaltación de la Santa Cruz 



A JESÚS POR MARÍA… Decía el Papa Benedicto XVI “He llegado a convencerme cada vez más, que todo viene de Cristo, incluso María; y que todo viene por María, incluso Cristo”. 


ASÍ QUE POR ELLA PODEMOS SIEMPRE LLEGAR A CRISTO. 


En este día de la Exaltación de la Santa Cruz, vemos que pende de ella un Cristo Crucificado, hijo de Dios e hijo de María. Un Cristo, Verbum Dei, Palabra de Dios, revelación plena del Padre, encarnado en el seno de María y nacido de la Virgen, gracias a lo cual se hace abrazo y caricia para la humanidad entera, empezando por los últimos y alejados. En ese Cristo se nos da a conocer cómo  Dios  desciende y asume la condición humana para salvarla… y todo por un amor que no se detiene ante el rechazo o desprecio, sino que con fidelidad inmensa permanece como oferta siempre abierta de liberación y de misericordia para todos nosotros. 

 

La mirada de María a Cristo lo dice todo.

[Grupo escultórico del Calvario a su salida procesional en la tarde del Viernes Santo de la Iglesia de San Pedro y san Juan (Jaén)]

Y en este Cristo Jesús, exaltado en la Cruz, contemplamos a su Madre María Santísima, porque “por Cristo a María y por María a Cristo” y descubrimos la grandeza de esta Mujer Única, Madre y Señora nuestra. Ella acompañando a Jesús con la CRUZ por el camino de la amargura, queriendo ayudarle sin poder, pues se lo impedían, consolarle con sus lágrimas y abrazarle con el corazón, nos va abriendo el camino cristiano, que siempre ha de pasar por la CRUZ.

   

¡¡Bien merecido tienes, Madre Santísima, la más grande de las mujeres, resplandeciente de luz, vestida del Sol, con la luna a tus pies y coronada de estrellas, bien merecido tienes este nombre de los Dolores, con el que te veneramos, con el que nos presides en este Templo Camarín de tu Hijo Jesús Nazareno, Nuestro Padre y Señor!!

  

¡¡Bien merecido tienes este nombre con el que te unes al dolor de Cristo, hoy exaltado en la CRUZ, sin olvidar que por eso mismo quedas asociada a su Triunfante Resurrección, por la que un día gozaremos de su Reino, como Tú, después de la dormición de tu cuerpo en la tierra, porque ya estás gozado de la gloria eterna en tu bienaventurada Asunción a los Cielos, como celebrábamos el pasado 15 de agosto!!

  
Tratamos en estos días del dolor de María, Virgen Dolorosa, unida al dolor de su hijo Jesús; y no es que los cristianos, pongamos el dolor como meta de la realización humana a la que estamos llamados; quienes así lo hacen se quedan en el Cristo Crucificado sin pasar a su Gloriosa Resurrección, se olvidan de que la fuerza del Amor, motivo de la Cruz, es la fuente de la felicidad más grande que puede darse: “nadie tiene más amor que quien da la vida por la persona amada” por lo que “nadie es tan feliz como quien da la vida, se sacrifica y acepta el dolor por los demás”.  Nosotros creemos en el dolor redentor, porque creemos en el amor redentor… y en el verdadero Amor está el gozo y la felicidad… y lo vemos en Nuestro Señor Jesús, a quien se asocia su Madre, María Santísima Nuestra Señora. 
Veamos pues, hoy LOS DOLORES DE MARÍA EN LA PASIÓN Y MUERTE DE

JESÚS, vayamos paso a paso:

 

* Traición de Judas y prendimiento de Jesús: No estaba presente Ntra. Sra., pero ¡cuánto debió sufrir, pues sabía lo que iba sucediendo en cada momento! Estaba informada de todo… Y más aún, cuando supo que  uno de los discípulos fue el traidor… y que los otros huyeron y abandonaron a su Hijo, en manos de quienes le llevarían a la muerte. 

*Y le llevaron ante el Sanedrín: María recibía de aquí y allí, toda clase de noticias, deseosa, como estaba, de saber de Jesús. Le contaron que estaba ante los doctores de la ley, presididos por el Sumo Sacerdote; comprendió que un día como aquel, muy tarde y ya de noche, aquello tenía que ser muy grave. Jesús padecía y al unísono sufría su corazón de madre. ¡Madre Dolorosa ten piedad de nosotros! 


*Negaciones de Pedro: Bien que conocía María a Pedro y cómo su Hijo lo había hecho el primero de todos, que era espontáneo y  tenía un gran corazón…pero sabía también de sus miedos e inseguridades; María sufrió por aquellas negaciones, porque en ellas nos veía a muchos de nosotros, por el dolor de su Hijo en la mirada que le dirigió a Pedro, pero se serenó cuando supo que el mismo Pedro “lloró amargamente” ¡Madre consíguenos siempre, ante nuestros fallos y pecados, un sincero arrepentimiento, que lloremos también por nuestros pecados!

 

*Juicio público ante el Tribunal Romano: Ahora Jesús está ante Pilato. María sabe que este romano no entiende el Misterio de su Hijo, menos aún ante las acusaciones que hacen los Sacerdotes y Letrados. Ella está al tanto de todo, le informan y sufre… los azotes, la corona de espinas, la condena del pueblo y finalmente la condena en Cruz. María siente cómo ya le han cargado con tan pesada CRUZ. Entrada la madrugada, sale para encontrarse con Él. Parecido a nuestra “madrugá” 


Comienza el desfile… aquél real; nuestros desfiles sólo testimoniales ¡ojalá siempre sean testimonio de fe y amor! 

*Camino del Calvario, vía de la amargura, 
dura calzada por donde pasa el Señor, 
allí las caídas, allí los encuentros, 
mujeres, verónicas, el Rostro de Dios, 
lágrimas y llantos, María Dolorosa  
se acerca a Jesús, el alma se parte 
de inmenso dolor.

  
*El Cirineo, suaviza la marcha, 
siempre detrás de Jesús, 
y nos da el ejemplo  
que debemos seguir: 
llevar con los hermanos 
la Cruz de cada día 
que es llevar la de nuestro Señor. 

*Y llega la Crucifixión, Siete palabras nos deja,  
siete muestras de su Amor: 
+perdónalos, no saben lo que hacen 
+tengo sed de todos vosotros…  
+el Paraíso promete al Ladrón,  
+nos da su Madre en testamento,  
+todo queda terminado,  
+pide al Padre compasión  
+y entrega sus espíritu a Dios 

*Expira Jesús, el velo del Templo se rompe, nueva visión de Dios y del Misterio; le descuelgan de la Cruz, queda en brazos de su Madre, transida de dolor. San Juan Crisóstomo pensaba que quien había visto a su Hijo en la Cruz, cuya Alma había sido atravesada por la espada del dolor, muy pronto contemplara a su Hijo sentado a la derecha del Padre, ascendido Él al Cielo y seguido de Ella en su Asunción Gloriosa. Así desde la CRUZ hasta el Cielo.

 

*Hora de la Sepultura con todos los ritos de la costumbre judía,  en medio el dolor de Madre, pues que le separan de su Hijo, los pecados pasados, los presentes y los que habían de venir…todo se acumula en el corazón de María, pero en Ella está muy viva la esperanza que confía en la Resurrección. Silencio contemplativo de tres días, inmenso anhelo de volverlo a ver… 



*Y al final llegó el gozo: Ntra. Sra. de los Dolores es Ntra. Sra. de la Esperanza, es Ntra. Sra. de la Alegría, es Ntra. Sra. de la Vida. Las lágrimas de María son de felicidad inmensa, el consuelo que corona su fe, la satisfacción de ser Madre de todos los hombres, proclamada Madre de la Iglesia, aclamada como Reina y Señora Nuestra. Un coro celestial canta el Aleluya, María vigilante escucha el cantar, vive para siempre, aleluya, aleluya, aleluya… es la madrugada del primer día.

 

Ntra Señora de los Dolores en la Iglesia Parroquial del Monte López Álvarez

María nos enseña a amar la Vida, a vivir en la Esperanza, a vencer la Muerte. Ella es el ejemplo para que llevemos adelante nuestros sufrimientos anclados en la CRUZ de Cristo, y centrados en el brillo radiante de la Luz de la Vida, el Señor Resucitado.

 

   Pidamos siempre la intercesión poderosa de una Madre que nos quiere y que tiene por hijo al Autor de la Gracia. Ella nunca nos faltará.

 

Antonio Aranda Calvo 
Capellán de la cofradía de Ntro. P. Jesús Nazareno 
Y María Santísima de los Dolores de Jaén. 

 

TRIDUO A LA VIRGEN DE LOS DOLORES  I.- Día 13 de Septiembre.

DOMINGO XXIV DEL T. O. DÍA SANTO, DÍA DEL SEÑOR, EL PRIMERO DE ESTE TRIDUO A NUESTRA SEÑORA, LA VIRGEN DE LOS DOLORES, QUE LA COFRADÍA OFRECE A LA REINA DEL CIELO. 

La Liturgia de la Palabra nos ha ofrecido el texto evangélico de San Mateo, continuación del Domingo pasado, en que ya se hablaba del perdón y que ahora se concreta, pues no es un número más o menos de veces, sino de una actitud verdaderamente fraterna en que el amor perdona siempre; el Señor nos ha puesto un ejemplo práctico, como solía hacer Él, para que nadie pueda decir que no se ha enterado.  

¿Verdad que el ejemplo del criado perdonado por el Señor y que después no quiere perdonar a su compañero lo hemos entendido todos?... Pues obremos en consecuencia. 

Pero para reflexionar sobre la Virgen María, me vino a la mente aquel canto de la mística Doctora, Santa Teresa de Jesús, madre, maestra y reformadora de la Orden Carmelitana, que tantas raíces tiene en este lugar, Camarín de Nuestro Padre Jesús Nazareno. 

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa 

Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza.  

Quien a Dios tiene nada le falta; sólo Dios basta… 

Y quiero aplicar a la Virgen María aquella expresión de Santa Teresa, “quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta” y ponerla de ejemplo para nosotros seguidores de la Señora. 

Efectivamente, la sencilla muchacha de Nazaret, de nombre María perteneció siempre a Dios y experimentó como nadie aquel “quien a Dios tiene nada le falta”; el ser de María, humano como era, estuvo tan unido a Dios que nada le faltó en su realidad de persona humana, por el contrario, fue llevada a la plenitud.      

ELLA: 

  • Elegida por Dios Padre, desde la eternidad, para ser Madre del Verbo y realizada esa elección, según los relatos del Génesis, cuando ante el pecado del hombre, de la mujer-Eva y ante la serpiente provocadora… aparece otra Mujer-María, integrada en el Proyecto de Dios, cuyo linaje quebrantaría la cabeza del reptil tentador. Ella es María y en su descendencia nos llega la salvación…, por los cual cooperadora de la Gracia… desde ese momento Dios estuvo siempre en María y Ella siempre en Él y para Él.

 
ASÍ QUE MARÍA SIEMPRE TUVO A DIOS Y NADA LE FALTÓ… porque sólo Dios basta.

  • María fue concebida sin pecado original, en previsión de su Maternidad Divina, pues no podía anidar en aquel corazón, nada que se opusiera al Hijo y que llegaría en la plenitud de los tiempos, el Verbo Encarnado. María quedó en su vida terrena fusionada a Dios, de tal manera que en su seno se engendró el mismo Verbo Divino…  

 

  • ELLA SIEMPRE TUVO A DIOS Y NADA LE FALTÓ…porque sólo Dios basta.

  • María nacida de Joaquín y Ana, consagrada a Dios, ya desde su infancia por sus padres, según la tradición piadosa de Israel, vivió en su niñez entregada a Dios y a su servicio… y ya de jovencita en su hogar, también estuvo consagrada a Dios en espera de que la Voluntad Divina se manifestara claramente… 


ELLA TUVO SIEMPRE A DIOS EN SU CORAZÓN, EN SU MENTE, Y EN SU QUEHACER… Y NADA LE FALTÓ porque sólo Dios basta. 

 

  • Llegada la plenitud de los tiempos, se abrieron los Cielos y bajó de ellos el Ángel Gabriel, como un raudal de gracia y encanto, un rayo de luz, ráfaga de coloridos miles, figura de inmensa belleza, y comenzó a volar por la tierra hasta encontrar el lugar y la persona designada… y fue a posarse en Nazaret, y siendo quien era, quedó admirado de tanto candor y pureza, ante una doncella llamada María y la encontró tan dispuesta, tan bella, tan llena de Dios, tan entregada a Él, que de su boca angelical salieron unas palabras que cambiaron el mundo y la humanidad: Ave María Gratia Plena…Dios te Salve María, llena eres de Gracia y EL SEÑOR ESTA CONTIGO Y BENDITA TÚ… y siguió el Ángel: …es que Dios quiere que seas su propia Madre, de una manera misteriosa, por la fuerza del Espíritu, para lo cual me basta tu SI…  


  • Y ELLA QUE TENÍA A DIOS, y siempre lo había tenido, dio la respuesta que esperaban los siglos,       pues comprendió que sólo Dios basta. 

  • Y se realizó el milagro más maravilloso que en el mundo pudo darse… el Proyecto de Dios comenzaba a germinar; un SI fecundó el seno de aquella doncella, se encarnó el Verbo, el Hijo de Dios se hizo carne y comenzó a habitar entre nosotros… por la Gracia del Espíritu Santo y porque María, llena de Dios, le dio la respuesta esperada, tan satisfactoria y tan primorosa como “He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra”

ELLA TUVO A DIOS SIEMPRE CONSIGO, Y NADA LE FALTÓ… porque sólo Dios basta.

  • Y así comienza el Misterio de nuestra Redención, con la Encarnación. En el seno de María comenzó a estar Dios hecho hombre, un Dios con nosotros, el Emmanuel, el que nació en Belén y aparece en los brazos de su Madre para darlo a los pastores, a los Reyes y salvarlo de Herodes; ese Dios con nosotros que con nosotros comparte la vida, nacido en el establo, adorado por ángeles, pastores y reyes, perseguido por Herodes… ese Dios con nosotros que huye a Egipto, vive en Nazaret, siempre con María su Madre y maestra, y con José, el tutor del humilde hogar de Nazaret. 

Por María tenemos al anunciado por los Profetas, al Mesías Prometido; el maestro y predicador que recorría los caminos, caseríos y pueblos de Palestina, se compadecía de los pobres, curaba a los enfermos, hablaba junto al lago de Galilea y a cuantos le escuchaban les anunciaba el Reino de Dios, el Proyecto que vino a realizar entre nosotros; perdonaba y sanaba los corazones… ¡tanto y tan bien lo había aprendido de María! pues Ella supo hacer un Dios tan hombre, que nos amó hasta el extremo de dar la vida en la Cruz y quedarse en el Santísimo Sacramento del Altar, en su Iglesia Santa y en cada uno de los hombres que le acogen y desean seguirle. Y todo por María, porque

 

ELLA TUVO A DIOS SIEMPRE CONSIGO Y NADA LE FALTÓ… porque sólo Dios basta.

 

MARÍA SANTÍSIMA, bajo la advocación de los Dolores, se convierte hoy en nuestra Madre y Maestra y nos enseña a tener a Dios siempre con nosotros, a seguir a su Hijo Jesús, acoger sus enseñanzas, su estilo de vida, su modo de proceder con los demás y así poder un día gozar con Ella en el Cielo.

Amén. 

Antonio Aranda Calvo 

Capellán de la cofradía de Ntro. P. Jesús Nazareno 

Y María Santísima de los Dolores de Jaén.