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Día 15 de Septiembre. Ntra. Sra. de los Dolores. 

MARÍA AL PIE DE LA CRUZ 


   “De María nunquam satis”. “De María nunca se hablará lo suficiente”, de esta expresión que repiten muchos santos, el Papa Benedicto dice que “encierra una verdad más que nunca válida”. Por ello, sigamos hablando de la Virgen Dolorosa, que hoy la celebramos especialmente. Ella acompaña y sostiene a Jesús en su dolor y permanece junto a Él en el momento más duro; le respalda contra todos, en la más absoluta indefensión; le surgen preguntas sin respuestas, y mantiene la mirada, aunque duela… hasta el final. 

 Como en tantas mujeres hoy, allí donde la vida está en riesgo, madres incondicionales en su amor hasta el extremo, el espíritu de María se mantiene vivo en todas ellas, cuando la vida se hace tan difícil “que ya no se puede más”. María Dolorosa está presente, sosteniendo su esperanza, en todas las madres que acompañan a sus hijos en los procesos de enfermedades incurables, o en las madres de hombres y mujeres migrantes en la lucha por la vida y en todas aquellas que sufren y permanecen firmes ante el hijo o los hijos desaparecidos, maltratados o condenados por la defensa de los derechos humanos y de la justicia… Con todas ellas María se mantiene hoy firme junto a la CRUZ y nos pide nos pongamos a su lado con la esperanza de liberar el sufrimiento en el mundo.

 

Hornacina con una preciosa imagen de la Virgen de los Dolores

(Iglesia Parroquial Ntra. Señora de la Asunción en Hornos).

Comentaremos, el bello Canto o Secuencia, que se ha leído antes del Evangelio: “Stabat Mater Dolorosa, xustam crucem lacrimosa, dum pendebat Filius”. Meditemos su mensaje: 

1.-«La Madre piadosa estaba junto a la Cruz y lloraba mientras el Hijo pendía.

Estaba María frente a la Cruz de su Hijo, acompañada de Juan y algunas mujeres.  

María Madre, pura y limpia, padecía los dolores físicos del Hijo, al que amaba con ternura y con inmenso ardor.

María sentía un dolor tan grande, que sólo podía hallar alivio y, aún dulzura, en la suavidad interior que Dios vertiera en su alma.

¡Qué dolorosa es la herida, cuando la espada traspasa el alma!  

Así fue el dolor de la Virgen. Ya se lo había predicho el anciano Simeón, a las puertas del Templo y Ella lo iría descubriendo, día a día. Pero ya había aceptado ser la Madre de Dios, así que todo por su Hijo y todo por sus hijos, que somos nosotros. Porque los dolores de María tienen que ver con nuestros pecados.  

¡Madre Dolorosa ruega por nosotros!

2.-“¡Oh cuan triste y afligida se vio la Madre bendita llena de tanto dolor!”

Seguimos ponderando el dolor de María, dolor que le viene dado por su inmenso amor, porque jamás Madre alguna amó a su hijo en el grado que la Virgen María amara al Salvador. Ella padeció, junto a Él, triste y afligida, llena de pena por el dolor de Jesús.

Al contemplarte en tu imagen, postrados te bendecimos.  

¡Madre de Dios y Madre mía!

Que mis penas y caídas no te hagan sufrir más, Señora,  
pues que en Dios Misericordia me acojo humildemente  
y le pido, con tu dulce intercesión por delante,  
nos conceda su perdón.  

¡Señora Madre de los Dolores!, míranos desde esa tu casi tres veces centenaria imagen que nos preside;  
que sus ojos me enamoren,  
que su dolor nos conmueva,  
sus lágrimas nos purifiquen  
y sus manos nos acaricien hasta llevarnos a verla.  

Pues, al Cielo queremos ir, a contemplarte, Madre Buena. Al cielo, al cielo, ¡SI!  

3.-Y ¿qué hombre no llorara, si a la Madre contemplara, de Cristo en tanto dolor?

Nosotros hombres y mujeres, reunidos aquí para honrar a la Madre, preguntaos  

¿Quién no llorará al contemplar el dolor que inunda el cuerpo virginal de María?  

¿Quién no sentirá atravesado el corazón por la espada, la de dos filos, la del dolor de Jesucristo?  

¿Quién no entristecerá su alma, ante la Madre abrazada a la CRUZ, sintiendo sobre sí la Sangre derramada del Hijo, sangre de sus entrañas, fecundada del Espíritu? 

Hermanos y hermanas, nuestra Reina, Virgen Dolorosa, nos está pidiendo convertir el corazón, transformando las lindas flores que le adornan, en ramilletes de buenas obras  convertir nuestros cantares y poemas, en acciones de justicia, paz, solidaridad y misericordia. 


4.-“Por los pecados del mundo, vio morir al Hijo Amado. 

He aquí las causas de tanto dolor, dolor del Hijo compartido por la Madre… dolor de la Madre compartido por el Hijo. Y la causa no es otra que el pecado, nuestro pecado personal, nuestro pecado colectivo, aquél quedará en nuestra conciencia, pero éste trascenderá a la sociedad…  

por el pecado social hoy suceden tantas injusticias;  
disimulamos tantas verdades  
y aguantamos tantas mentiras.  

Bien sabemos que por los pecados colectivos, tantas y tantas veces, aplaudimos con nuestras manos, aprobamos con nuestros votos o con nuestros silencios, leyes contra Dios, que también destrozan a los pequeños y desamparados.  

La Dulce Madre, por todo ello, soportó tanto tormento y vio al Hijo Amado desamparado, morir. 

5.-“Oh dulce fuente de Amor, hazme sentir tu dolor para que llore contigo. 

Tierna invocación a la Virgen: ¡Dulce Fuente de Amor!  


Y le pedimos nos vincule a la Pasión del Nazareno, Nuestro Padre Jesús.

¡Sí! pedimos, desde nuestro interior,  
sentir su dolor;  
llorar sus penas;  
sufrir con Cristo;  
padecer con Ella…  
hasta que, abrasados de amor, al fin digamos “Vivo en Cristo, porque ya no soy yo, es Cristo quien vive en mí” y las palabras de Pablo se hagan vida en todos nosotros, cofrades y hermanos.  

Llorar contigo,  
amar contigo y contigo, Santa María,  
abrazar a Cristo con todas las fuerzas de nuestro corazón.  

6.- “Y porque a amarte, me anime, en mi corazón imprime, las llagas que tuvo en sí.

Aquí está, Madre Buena, nuestro corazón para que imprimas en él los dolores de tu Hijo…  
dispuesto y abierto está para poder acoger tanto daño,  
tantos llantos,  
tantas heridas y penas,  
tantos lamentos y quejidos de Cristo y de la humanidad.  

Tú, que supiste compartir con Él su dolor,  
tú qué sabes tanto de Amor,  
haz que comparta con Vos, lo que con Él compartiste  
y así llevarás mejor la CRUZ que por mí sufriste.  

Flor de las flores, Señora, recibe mi ofrecimiento de enaltecerte en corazones y altares,  
donde se venere a Vos, Señora de los Dolores,  
depositado en tus brazos al Amor de los Amores.  

Reina y Señora, mirad al que desea reparar tanto mal,  
por el que hice pasar a Madre tan buena y bella,  
pues por ello padeció tu Jesús tan gran condena. 

7.- “Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo”

Llorar por los días en que viva,  
para poder consolar al Señor que da la vida,  
y, pues que tu Hijo es, y con tanto amor le tratas,  
hasta con dulzura y mimo,  
déjame que os acompañe en tal situación ¡te suplico!  

Yo prometo, mi Señora, que he de consolar a ese Cristo, cargado de Cruz, que es Nuestro Padre Jesús…  


Prometo sumiso implorar de su Misericordia el perdón  
y así, compasivo Él y así compasiva Vos, podré gozar en el cielo, generoso galardón,  pues espero de Vos alcanzar con tan espléndido don: la gracia, el amor, el perdón que me rediman al fin. 

 
8.- “Virgen de vírgenes Santa, llore ya con ansias tantas que el llanto dulce me sea.

¡Santa Virgen, Virgen Santa!, déjame llorar sin tiempo y que el caudal de mi llanto vaya borrando tus penas.  

Que no olvide su pasión, que presente me esté su muerte,  
que tenga siempre Señor, a nuestro Jesús Nazareno,  
ante mis ojos, tu amor,  
para así amarte más y para con ansias llorar cuanto te ofenda, Señor.  

Pues presiento, desde ahora, que la CRUZ del Nazareno  
es la que por siglos y siglos formamos el mundo entero,  
la que en la Madrugá de Jaén la lleva a hombros “el Abuelo”,  
esa dolorosa Cruz también la llevas Señora, Madre del Dolor Inmenso. 


9.- “Haz que su CRUZ me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio.

Haz que te siga cual Cirineo detrás de ti para siempre,  
sin apenas poder ser visto, pero muy cerca de Ti.  

Siempre enamorado de Ti, el único modo Señor de agarrarme a mi cruz y seguirte;  
será la fuerza que empuje a ayudar a mis hermanos en las cruces de la vida:  
la cruz del hambre y la sed;  
la del vestido y el techo;  
la cruz de la enfermedad o no tener libertad o sufrir en orfandad…  
que ayude al que no sabe, al que necesita consejo,  
que consuele al que está triste y perdone al que me ofende;  
por Ti llevar la cruz con paciencia de los defectos ajenos  
y rezar a Dios por todos, tanto por vivos y muertos.  

Así ayudaré a tu CRUZ y así padeceré contigo, así gozaré en los cielos con María y por los siglos de los siglos. 

10.-“Haz que me ampare la muerte, Cristo, cuando en tan fuerte trance, vida y muerte estén. 

Sé que quien murió por mí, me asistirá en la muerte, quien venció en la muerte me dará su gloria, y la Reina del Cielo, María, en ese día, la divina balanza de la misericordia la inclinará hacia mi, para poder subir a las moradas eternas.  


Madre de Misericordia, vida y dulzura nuestra,  
mira cuantos aquí te muestran su amor y veneración;  
ayúdales en la tierra a seguir la ley de Dios:  
es el amor a los hermanos y es el Amor a Dios… 
Y cuando llegue la hora llévanos hasta tu reino para allí cantar tus glorias, Reina y Señora del Cielo. AMÉN. 

Antonio Aranda Calvo 
Capellán de la cofradía de Ntro. P. Jesús Nazareno 
Y María Santísima de los Dolores de Jaén.