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Colaboraciones Literarias

Este espacio  es el lugar de encuentro y, a través de él, invitamos a cofrades y devotos a que nos envíen material gráfico (fotografías, pinturas…) y literario (textos en poesía o prosa, documentos…) con el que enriquecer el patrimonio de la hermandad gracias a vuestra impagable aportación. No es un foro, sino un punto común de destino para colaboraciones que contribuyan a la glorificación de nuestros sagrados titulares, por lo que la cofradía se reserva el derecho de publicación de aquellos envíos que no persigan este fin último. Esperamos vuestras colaboraciones para ser publicadas en esta sección en la dirección de correo electrónico   Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla , indicando en el asunto del envío “COLABORACION COFRADE”

  

MARCELA

 

Texto: Jesús C. Palomo Lopera

Ilustración: Juan E. Latorre

 

Su sueño era abandonar el cristal. Esa prisión vítrea en la que nació ya sepultada. Esa imagen real de representación de la realidad que le hizo dormir con la esperanza de la humanidad. Atrapada en trozos de cristal de colores nunca se planteó su propia existencia hasta que llegó ella. Así, aprendió a envidiar a su remedo material en madera que, un buen día, vino traído por manos voluntariosas y se reconoció en su porte, en su figura. Empezaron siendo sólo visitas furtivas, de madrugada, en donde apenas descabezó del sopor del sueño. Allá tan lejos como estaba. Pero un día llegó para quedarse. Entonces no pudo por menos que reflexionar en sí misma. Se reconoció espejo de colores, allí, en todo lo alto de la capilla mayor de la catedral hecha en joya de piedra tallada. Y se miró, y se vio muchos años en los que estaba en esa misma posición: mujer de cabeza cubierta con un rico velo, de pie con una pierna adelantada, los brazos extendidos, la mirada llorosa perdida en el más noble esfuerzo de la Piedad. Imagen de aquella Marcela, hebrea caritativa que no pudo resistirse a un impulso de humanidad con aquel reo ensangrentado camino de su calvario, caminando su vía dolorosa. Curiosa contradicción, su impulso humanitario fue recompensado por la divinidad. De su lienzo enjugado con el sudor y la sangre y la mella del dolor y el miedo humano, surgió la impronta divina, la huella de la deidad. Desde entonces, aquella noble y buena mujer, Marcela, no dejó de acompañarlo en tan bello gesto, siempre con aquel pañuelo con su cara impresa en sus manos, y así, el Rostro de Dios se guardó en Jaén, en una rica urna, en una bella capilla, bajo los cristales de colores que marcaron el lugar. Esos trozos vidriados, estañados entre sí, que viven de la luz y el sol para indicar el Santo Lugar donde la Piedad se hizo leyenda y donde Jesús quiso dejar su mirada al mundo entero prendida de las manos de una mujer. Esa mujer en cristal que envidiaba a la de madera por tener el privilegio de andar el camino al paso del Nazareno, delante de su paso, a un instante de su paso, a la vez de su paso, con Él.

santa marcelaLa vez que vino a quedarse, bajo el dosel de bóvedas baídas, intentó hablarle. A ella, tan remilgada y asceta. A ella, tan llevada y alabada. A ella, tan cercana y próxima a su cara. A ella con cuerpo de tres dimensiones. Le intentó hablar de su propio color, que al sol refulgía como cien piedras preciosas, iluminando su cara. Intentó decirle que, en todo su esplendor cromático, siempre le faltaban los más preciados colores, y que ella, la Verónica de dulce madera, los poseía cada Viernes Santo. Los colores que se desparraman más allá de las puertas de su hermosa jaula de piedra. Al final le confeso su pena, su dolor, pues si de colores existía, y entendía, como era posible que en su misma casa, ella, la Verónica de madera, portada por hombros femeninos, pudiera disfrutar, alabar, atesorar, saciarse en los más necesarios de todos ellos: los de Jesús Nazareno de Jaén, camino de sus calles, llevado por sus devotos y rozado por su oraciones...

El final llegó y una tarde de un frío noviembre se marchó Verónica, portada por sus mujeres, se marchó Jesús, el Nazareno de los descalzos, a su casa recuperada y se quedó sólo con su razón de vitral, alumbrando el cielo escaqueado de la bella catedral, pero sin poder hablar con su remedo de madera. Hace unos días, alrededor de cuarenta, Nuestro Padre Jesús volvió a su luz de ventana vidriada, entrando por la puerta del Perdón y dejando un bautismo de cera en las nuevas baldosas de la plaza recién remodelada, pero sólo volvió de visita y no olvidó dejarle un mensaje de Verónica, que nunca más pisará las baldosas blancas y negras a sus pies: “Señor de Jaén, dile a la luz que roza tu cara, dile a la mujer de cristal que porta tu rostro, dile a los colores que iluminan las piedras del templo, diles que:

 

NEGRA es la noche que te acoge.

NEGRAS son las sombras penitentes que te alumbran ceñidas de luz de cera.

ROJO es el amanecer que alborea en tu mirada.

ROJOS son los pétalos cariofiláceos bajo tu paso humilde camino del sacrificio.

MORADO es tu andar en la lejanía de calles angostas.

MORADOS son los reflejos del sol en bordados tejidos con el hilo de las oraciones de tus devotos.

BLANCA es la confianza y la fe en tu perdón.

BLANCAS son las lágrimas derramadas por la alegría de verte un año más en tu eternidad.

Pero de MADERA es tu Cruz, incolora como el pecado del mundo, maciza como el peso de la Redención”

 

 

TRAS TUS PASOS

 Texto: Jesús C. Palomo

Dibujo: Juan E. Latorre

             Las calles de Jaén se quedan huérfanas sin tu presencia. Sienten tu vacío que apenas se colma con la alegría de verte andar cada madrugada de Viernes Santo. Esta vez es extrañamente diferente. El peso del madero es más grande que nunca. Y lo digo con causa. cireneoDesde que llegué de mis lejanas tierras libias, no he dejado ni un solo instante de sostener una pequeñísima parte del peso de tu carga. Yo, Simón de Cirene, también quise estar a tu lado, en un principio impelido por un centurión y luego por tu magnética persona. No me importa ayudarte en tu tarea. Demasiada cruz soportas. Todas las cruces son flores si las sabéis llevar. Soportadlas con paciencia que Jesús os sostendrá. Hoy está vacía de tu hombro, desamparada de tus manos. No me acostumbro a no ver tu espalda encorvada y tu cabeza inclinada ante la redención, siempre detrás de ti, que quise adelantarte, ser yo el que la sostenga y, aunque sea por un breve momento, aliviarte de tu peso. Pero TÚ siempre me dices NO. Que es tu tarea. Que es tu pueblo de Jaén el que lo espera, el que lo necesita y que no puedes abandonarlos. Esta vez no estás un paso por delante de mí. Me siento extrañado y pregunté porqué no estás ahí, bajo la cruz. Ahora estoy más tranquilo porque ya averigüé que estás donde debes estar: en el corazón de todos los jaeneros.

 

 

 

Itinerario Lírico Sentimental. Jacinto García del Rincón.

 

Transcrito por Salvador García.

 

 

Cuan belleza a esta tierra

hallo alfombra de olivares,

en ella blancos cortijos

dando sombra a los pinares.

En un caserío cercano

        pidió aposento un peregrino,

sediento y cansado estaba

tras largo y duro camino.

Ofreciéndole un lecho

donde poder descansar

y comida en abundancia

para su hambre saciar.

 

Se fijó en un madero

que abandonado allí estaba

la vista puso en el cielo

para pensar lo que haría.

Escasas las dimensiones

donde el trabajo emprendió,

todo se hallaba en silencio

nunca un andar se sintió.

El casero aquella noche

pensativo no dormía,

¿Cómo modela el madreo

si ni petate traía?

 

A la mañana siguiente

los caseros descubrieron

y atónitos se quedaron

de la belleza que vieron.

Nunca se supo quién fue

aquel tran gran escultor

que la imagen tallaría

con sulzura y con amor.

Benditas aquellas manos,

bendito sea el madero,

bendita toda la herramienta

que forma le dió al "Abuelo".

 

Viernes Santo de madrugada

horas puntas de Jaén,

aguardándote está el pueblo

para mostrarte su fé.

A todos los penitentes

con trompetas van llamando,

despertaos nazarenos

el "Abuelo" se halla esperando.

En torno a la Catedral

todo el pueblo se ha reunido,

y de lejanos lugares

los jiennenses han venido.

 

La plaza de Santa María

de gente es un hervidero,

esperando la salida

de la imagen del "Abuelo".

En las naves del templo

le están meciendo,

penitentes descalzos

le irán siguiendo.

Por la puerta del Perdón

al "Abuelo" han de sacar,

promitentes en sus hombros

de penitencia llevar.

 

Las luces se han apagado,

las puertas se están abriendo,

el "Abuelo" con su cruz

a la calle está saliendo.

Le acompaña el Cirineo

para aliviarle el peso,

de ese enorme madero

al que fué crucificado

por aquel maldito beso.

La multitud en la plaza

con vivas le está aclamando,

unos bien canta saetas

otros en silencio rezando.

 

Formada la procesión

con orden va caminando

largas filas de cofrade

con velas van alumbrando.

La calle Obispo González

           el "Abuelo" está subiendo,

           de balcones y ventanas

 piropos le van diciendo.

Angeles han de llevar

los clavos para clavarte,

tenazas yo llevaría

para los clavos sacarte.

 

                                  Por la plaza del Conde

pasa el "Abuelo",

con su cuerpo encorvado

porque pesa el madero.

La cruz te pesa ¡Señor!

largo ha de ser el camino,

no desfallezcas jamás

Tu que sabes demostrar

lo que anda un peregrino.

Con sus galas un monaguillo

mueve y mueve el incensario,

para que huela el incienso

en el largo itinerario.

 

Por la calle del Conde

solo se ven penitentes,

de la luz que dan las velas

sus ojos muy relucientes.

Heraldos de Semana Santa

son los soldados romanos,

con sus cascos, sus pecheras

y sus lanzas en las manos.

Lanzas que miran al cielo

formadas en procesión,

esconta dan al "Abuelo"

por ese viejo cantón.

 

El cantón se halla invadido

de un incesante gentío,

aguantando la inclemencia

de la madrugada el frío.

De Jesís asi se llama

ese lugar legendario,

por el que pasa el "Abuelo"

en su largo itinerario.

A la luz de un reflector

el "Abuelo" está bajando,

entre caperuces negros

su sombra va reflejando.

 

Por la pronunciada cuesta

con cuidado le sujetan:

¡Por favor parad hermanos!

que se escucha una saeta.

Costalero que al "Abuelo"

en tus hombros vas cargando,

por mi edad y mi salud

nunca yo le iré llevando.

Presto a la cita acudía

aquel que también cantara,

no importaba la distancia

ni el mal tiempo que reinara.

 

Aquel espigado gitano

que al "Abuelo" le cantaba,

la muerte se lo llevó

su saeta está callada.

Guardad silencio jiennenses

que el "Abuelo" está pasando,

lo que fue su camarín

en olivo y ruinas

atrás se lo va dejando.

La calle está silenciosa

a consecuencias del frio,

el suelo se halla mojado

por la escarcha del rocío.

 

En la Calle Juan Montilla

entre rejas del Convento,

monjitas están mirando

al "Abuelo" desde dentro.

En esta remozada calle

hay un viejo torreón,

de lo mas alto le miran

jóvenes con emoción.

La Virgen con su amargura

                                a su Hijo está esperando,

del aire de este jaén

la muchedumbre arropando.

 

Ya se ve le cruz de guía

dando escolta a dos faroles

la Verónica se acerca

en sus plantas bellas flores.

Con fervor apasionado

al "Abuelo" traen meciendo,

del encuentro con su madre

lágrimas irán surgiendo.

Qué bonito es contemplar

a la Madre mirando al hijo

cada vez se acerca más

queriendole aliviar

del peso del crucifijo.

 

Cuando está frente a la Madre

mostrándole su amargura,

ella le ofrece su amor,

sus lágrimas, su ternura.

Lágrimas para saciar

la sed que está padeciendo,

lágrimas para limpiar

la sangre que está vertiendo.

La Virgen de los Dolores

al Hijo está despidiendo

¡Por favor no le aparteis!

¿No lo veis padeciendo?

 

El hijo lento se aleja

de esa su bendita Madre.

San Juan se queda con ella

para poder consolarle.

Por la calle Campanas

deprisa está bajando,

para quitarse del viento

que en la espalda le va dando.

En las rejas de la lonja

de esta nuestra Catedral,

un gitano se ha subido

y al "Abuelo" va a cantar.

 

Que se callen los tambores

y silencie la trompeta,

para escuchar como dice

el gitano la saeta.

Escucha Señor, escucha,

atiende y dadnos Tu mano,

para que junto camine

y nunca mas descrimine

al calé, el castellano.

Ya se calmó el fuerte viento

el trono se va adentrar,

en esa pequeña calle

de Don Santiago Ramón y Cajal.

 

Ancha se llama la calle

por la que pasa el "Abuelo",

parece que va en volandas

llevándole el costalero.

Cuarenta promesas van

bajo el trono caminando,

cuarenta toallas van

los sudores empapando.

Barrio de San Idelfonso

de curtidos campesinos,

desgarradores de surcos

polvorientos de caminos.

 

Morenas son las mujeres,

labriegas de profesión,

cosecheras de ilusiones

que guarda su corazón.

La Virgen en su descenso

                                    en este barrio dejó,

rosarios a sus mujeres

y a los hombres devoción.

De gala está la campana,

de gala su campanero,

de gala se halla la plaza

por la que pasa el "Abuelo".

 

Por la calle del Arroyo

el "Abuelo" está pasando,

lírios, claveles y rosas

a sus pies le van echando.

Subida en un escalón

una gitana cantaba,

más que cantar le pedía

más que pedir le rezaba.

La gitana con sus brazos

a un niño sujetaba,

su pecho al descubierto

al pequeño amamantaba.

 

Bañados están los ojos

con lágrimas de emoción,

al ver pasar al "Abuelo"

por la calle Tablerón.

Belleza tiene su trono

con pan de oro chapado

hecho con noble madera,

limpio su plocormado.

Angelitos en las esquinas

llorando desconsolados,

sujetan los medallones

que el trono lleva tallados.

 

Virgen de la Capilla

es el nombre de la calle,

por la que pasa el ""Abuelo"

con flores del verde valle.

En un silencio de fé

el cortejo va pasando,

solo se siente el murmullo

de todo el que va rezando.

Con la mirada hacia abajo

por miedo a tropezar,

caminando va despacio

sin poderse incorporar.

 

Por la calle del Rastro

el "Abuelo" va cansado,

sus manos muy doloridas

su hombro amoratado.

Malditas sean las espinas

que en la frente le pusieron,

malditos sean los azotes

que en los costados le dieron.

Lleva túnica morada,

en el pecho un medallón,

que este pueblo le puso

con toda su devoción.

 

¡Padre mío escuchame!

si yo fuera delincuente

te robaría con amor

las espinas de tu frente.

En la Calle Roldán y Marín

desde el piso que habitaba,

Canalejas la saeta

al "Abuelo" le cantaba.

Ya no canta mas saetas

porque cantando se fue,

solo nos queda el recuero

de quién bien quiso a Jaén.

 

Los Angeles le llevaron

para cantar en el cielo,

también cantaba aquel hombre

                              que nunca nos devolvieron.

En la plaza de las Palmeras

todos se hallan mirando,

la Verónica se acerca

su pañuelo va enseñando.

En él se halla la imagen

de Cristo nuestro Señor,

plasmada quedó la cara

con la sangre y el sudor.

 

Prepara madre el pañuelo

que lágrimas has de secar,

cuando veas al "Abuelo"

la emoción te hará llorar.

Mirad como se avecina,

mirar lo triste que viene,

mirar que amargura trae,

mirad las heridas que tiene.

Si mucho pequé Señor

egoísta he de ser,

mi sangre yo te daría

cambiandola por la hiel.

 

Que bonito es el paso

cuando va por la Carrera,

oliendo a clavel y rosa

de jardín en primavera.

Por temor a hacerle daño

no le arrojé un clavel,

temiendo diera en las heridas

que llevaba en los pies.

Aquel temor se me fue

al ver a una joven besando,

a los claveles y las rosas

que al "Abuelo" iba tirando.

 

Una nube de claveles

le arrojan al pasar,

el "Abuelo" no se mueve

por no quererlos pisar.

La música se ha callado,

el trono se va a parar,

una joven en la tribuna

al "Abuelo" va a santar.

Bonita es la saeta,

bonita es quien la canta,

bonita es esa voz,

que sale de su graganta.

 

La plaza de San Francisco

se halla plblada de gente,

viendo pasar al "Abuelo"

y a todos los penitentes.

Sólo se ven nazarenos

con sus largos caperuces,

de penitencia descalzos

otros con pesadas cruces.

De rodillas, con cadenas,

tras el trono caminando,

promesas duras promesas

cumplidas se van quedando.

 

Los Álamos es la calle

que da sombra al redentor,

mi pañuelo le daría

para secarse el sudor.

El peso de ese madero

que bien lo sabes llevar,

por librarnos del pecado

todo puedes aguantar.

Desfalleciendo camina

por el largo recorrido:

Dejad que descanse un poco

que bién lo tiene merecido

 Por la calle de Colón

el "Abuelo" está subiendo,

                                 este pueblo en oración

siente cuanto va sufriendo.

Heridas lleva sus manos,

herida lleva la espalda,

heridos lleva los pies,

herida toda su alma.

Del Castillo, su cerro

bajan olores,

de la jara, tomillo

y de otras flores.

 

En la plaza de la Audiencia

hay dos chiquillos,

apagando las velas

los muy diablillos.

Por la ledendaria calle

cuyo nombre es Maestra,

el "Abuelo" está pasando

con honores de grandeza.

Insigne fue la batuta

que a la banda dirigió,

y una marcha compusiera

con enorme devoción.

 

Con las notas musicales

de la marcha al "Abuelo",

sientes latir corazones

de todo el pueblo jaenero.

Cuan bonita es la marcha

que escribiera con afán,

y al "Abuelo" dedicara

Don Emilio Cebrián.

Bella ciudad de luz

que tiene cuando mira,

al "Abuelo" con la cruz

y el fervor que nos domina.

 

Completamente aflijida

la Virgen viene llorando,

a no encontrar a su Hijo

después de mucho buscarlo.

¡Insiste Madre amorosa!

pronto les vas a encontrar,

delante de ti lo llevan

preso lo van a encerrar.

Como la blanca paloma

que vuela sin rumbo fijo,

asi va la Dolorosa

al encuentro de su Hijo.

 

Bulliciosa está la plaza

por poderle contemplar,

decirle un adios profundo

antes que vaya a entrar.

San juan desde el trono

al "Abuelo" le pide,

bendice a este pueblo

para que nunca te olvide.

Con redoble de tambores

y repique de trompetas,

al "Abuelo" van entrando

entre vivas y saetas.

 

Emocionante es ver

como se adentra el "Abuelo",

con lágrimas de emoción

de todo el pueblo jaenero.

Ya las saetas callaron,

ya descansa el costalero,

ya se cerraron las puertas,

dentro de halla el "Abuelo".

Nos queda un año de espera

en el tu dulce consuelo,

dadme fuerzas ¡oh Señor!

para mostrarte el fervor

y decirte ¡Viva el Abuelo!

 

 

 

 

 

LA SOPORTABLE EVANESCENCIA

                                                                                                                                                                      Texto: Jesús C. Palomo    Dibujo: Juan E. Latorre

             Primer golpe: madera desbastada. Segundo golpe: la maldita enfermedad que enraíza en la pequeña sin que ningún remedio la desraíce. Dolor profundo desde la tierra de un padre por su hija. Otro golpe: la madera tras el formón florece en forma, talle y suavidad. La fineza de la buena madera. Entre golpe y golpe el entallador trabaja porque es su vida, sueña porque es su trabajo y llora por su hija, porque ella es su vida parasitada por el mal que la seca.Virgen de los Dolores De nuevo un golpe más, y la piel de palo adquiere tacto de mujer, de lágrima de madre niña. El encargo queda poco a poco terminado. Una estremecedora dolorosa para la cofradía del Nazareno de los Descalzos. Una virgen de candelero para el Señor de Jaén. La Virgen de los Dolores esconde el infinito dolor, propio y ajeno. El del Gólgota y el de las manos que la vieron nacer dibujada entre vetas de cedro.

            La Historia en archivos polvorientos descubrió que el escultor no quiso estipendio, ni moneda menuda, ni especie por aquel trabajo que a los siglos queda. Sólo un José de Medina fecit; 1742, al margen, al dobladillo. La Historia no cuenta lo que en legajos no quedó. Algo cambió desde el primer golpe al último, en ese último golpe en que la madera se esfumó, en que la niña sanó. A veces, para algún buen hombre, a golpes de gubia, el mal se desvanece.

Coplas a Nuestro Padre Jesús Nazareno

Coplas a los Dolores de Nuestra Señora

Se cantaron desde comienzos del S. XIX en su novena. Estas coplas se componen de nueve letras distintas, seguidas del estribillo, y aún en la actualidad se siguen cantando en la novena. Su autor fue D. José Sequera Sánchez (RIP 1888)

Pues del humano furor
Fuiste, Jesús, abatido,
Quien te venera afligido
Sienta siempre tu favor

Atado te llevan preso
A los Jueces Pontificios,
los que presos de sus vicios,
Ciegos te forman proceso
Solo pudiera este exceso
Sufrir tu excesivo amor.


Quien te venera afligido
Sienta siempre su favor.

Se canta desde hace mas de 150 años en la novena a Nuestro Padre Jesús, consta de siete letras distintas, los siete Dolores, y seguidas todas de un pequeño estribillo. Su autor fue D. José Sequera Sánchez (RIP 1888)

Si las dulces palabras del ángel
Inundaron de gozo tu alma
de un profeta la fúnebre calma
la llenó de amargura y dolor.

Te predijo que Aquel que en tus brazos
presentabas al templo piadosa

en la cima del Gólgota umbrosa
la verías morir por tu amor.

 (Estribillo)

Por Tus Dolores, ten compasión,
Pide y alcanza nuestro perdón.

 

MÚSICA PARA EL ABUELO

 

Texto: Jesús C. Palomo

Dibujo: Juan E. Latorre

 

            Asomado a un balcón, todavía no premonitorio, esperaba impaciente. Había repasado su indumentaria varias veces, la camisa blanca, pantalones de pana, toalla de manos sobre los hombros y calzado de suela de esparto para no resbalar. Se sabía el recorrido de memoria. Entraría en la puerta de su casa para recorrer su calle hasta girar a la izquierda por la cuesta de Ropa Vieja y así ya siempre subiendo, por la Plaza de Santiago, bajo el Arco de San Lorenzo y Maestra Alta hasta la Plaza y la Iglesia de La Merced. En un momento, los vítores y el murmullo le indicaron que Él se aproximaba. El día era espléndido, despejado el cielo, un sol de abril picajoso a esa hora, cerca de la una de la tarde, hacía aún más bella la Procesión de Viernes Santo de ese año. Cuando Nuestro Padre Jesús estuvo a la altura de la puerta de su casa, ya estaba esperando a pie de calle. “¿Estás seguro, Emilio?” le preguntó Antonio, el fabricano, con el faz del caperuz levantado sobre la cabeza. “Más que nunca”, le respondió. “Pues vamos adelante, Maestro” le dijo levantando los faldones del trono, a la vez que dentro, los porteadores pagados, le hacían un sitio hacía el final de una de las filas. No era infrecuente que a veces algún cofrade promitente les acompañara parte del recorrido. Bajo el trono de Jesús la visión era diferente. Los ojos ya no sirven y entra en juego la nariz y el oído. Apoyó los hombros en las andas y a la indicación del fabricano por los respiradores: un “Señores, con Él arriba lentamente, que nos vamos...” todos los hombres haciendo fuerza se levantaron al mismo tiempo. Desde ese momento cerró los ojos. Sintió el peso, como una losa sobre sus hombros, nada acostumbrados al dolor y al esfuerzo, y percibió con claridad el olor de la madera mezclado con el agrio sudor de los hombres, el penetrante incienso de los monaguillos, el áspero de la cera quemada... Ante ellos se hicieron innecesarios sus ojos. Al principio estuvo atento a respirar acompasadamente para obviar el dolor en su cuello y espalda, luego, cada paso, lento, de la marcha pausada y embelesadora, le hizo mecerse y poner su atención en el ruido de la gente, invisible, a su alrededor, los nazarenos que no cesaban en su fila a ambos lados del trono, las indicaciones del fabricano y las de los miembros de la junta de gobierno, las voces, los vivas y los vítores, enfervorizados, violentos al tímpano, ahogados en la garganta por la emoción, la respiración agitada de sus compañeros portadores, el leve roce de los pasos sobre los adoquines... El crujir de la madera y de los respiraderos a cada paso de costero a costero, enmudecieron en su cabeza, ocupada de repente, como en un sueño imposible de frenar ni de controlar, por una música gestada en su mente, nacida en sus entrañas. Una fanfarria, un tema principal, un fuerte de bajos, un puente y un trío final nacieron bajo el peso del Nazareno de mirada ausente, encorvado por la cruz de palosanto una mañana jaenera de abril de Viernes Santo.

CebrianEl recorrido se le hizo un suspiro, llevado en volandas por unos pasos  mudos y sordos, que dejaron una melodía, una música, una composición por la que ha pasado inmortal a la historia. Al salir de bajo el trono, le esperaba Antonio Delgado, el fabricano, “¿Que tal Emilio?”, le preguntó. “Lo tengo” le dijo con los ojos en lágrimas, abrazándole. Así concibió el Genio Maestro Emilio Cebrián, su “Marcha a El Abuelo”, mientras fue Director de la Banda Municipal de Jaén. La composición de Semana Santa más universal de toda España. 

A veces no somos conscientes cuando estamos oyendo un fragmento de música, de que va a marcarnos un tiempo de nuestra vida que luego al evocarlo sonará con ella o al sonar la música nos lo recordará, por encima de otras muchas músicas, miles, que tenemos en nuestra cabeza justo en ese momento, justo en esa época. Los giennenses que tuvieron el privilegio de escuchar el 24 de marzo de 1935 bajo el templete de música que se encontraba en la Plaza de Santa María, el estreno de la obra de Cebrían, no pudieron imaginar que esos sones pasarían a formar parte del genotipo de todo jaenero, le guste o no le guste la Semana Santa, ame o no la música, sea o no sea creyente. Basta un par de segundos para reconocerla y menos aún para que se te erice el vello de la nuca diciendo: esa es mi tierra de Jaén, me encuentre en ella o en Pekín.