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Con motivo del traslado de nuestras veneradas Imágenes al Santuario Iglesia de San José y Camarín de Jesús, han tenido lugar numerosos actos, celebraciones, cartas, artículos. De los principales si quieres conocer más puedes elegir el que desees.

  

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                                                      VOLVER

 

         Paradójicamente, he seguido tus pasos desde que nuestros caminos se separaron. He seguido los pasos de tus promitentes, los de tus penitentes, los pasos de tus devotos que a la luz de sus velas han iluminado el recorrido, a veces polvoriento, a veces adoquinado, a veces asfaltado de tus calles, las calles de Jaén, de tu Jaén querido, bendito y bendecido por tu presencia. Hace 174 años que te llevaron de mi lado, que saliste por mis puertas entre vanos de sillares centenarios para recogerte en otras casas bastardas de madres adoptivas, con grandes nombres, con innegable belleza, La Merced, El Sagrario, La Catedral, pero que no son tu verdadero hogar. Así tuve que soportar tu ausencia entre el paso del tiempo y el abandono, que cerró mis puertas, cegó mis muros y derribó mis tejados. En este tiempo sólo encontré alivio en el sonido de tus pasos que cada Viernes Santo, de fría madrugada, rendían visita a mis restos, cada vez más cadavéricos. Ahora la alegría desborda mis piedras, porque TÚ vuelves a mí. Te traen para quedarte, como un hijo pródigo redivivo en el amor de su madre, que nunca dejó de tenerte presente entre las ánimas de tus difuntos cofrades, que en mis raíces de tierra descansan y descansaron con el sabor de tu imagen en sus bocas desdentadas. Ellos, como yo, anhelan la esperanza de tu reencuentro, la promesa de tu estar. Lejos han quedado mis desventuras, mi olvido, mi decadente casi desaparición. Contento estará el Capitán Pocasangre, allá en la tierra peruana, sea la que sea la que acoge sus restos. Pasó su vida soñando en el regreso a tu lado y no lo pudo cumplir, pero dejó su voluntad en pesos de plata para mi construcción. Los mejores maestros me proyectaron y mi edificaron, piedra a piedra, con la idea de ser tu casa eterna. Pero ni el tiempo es eterno, ya que fui despojado por la codicia y la incomprensión. Abandonado por la pereza y la desidia, hasta que algunos hombres buenos soñaron y creyeron mí. Después de haber sido destituido de mi primigenia función, he llegado a ser, bodega, cuartel y vivienda, pero siempre respetado como lo que soy, tu antigua morada, y eso en Jaén, son palabras mayores. El sueño se ha hecho realidad y hoy te veré franquear mi dintel. He mejorado y hasta me han lavado la cara con buenas piedras y mejores cimientos. Han decorado mis paredes con bellas pinturas y majestuosas nobles maderas, han reforzado mis tejados y bóvedas y han recuperado mi anciano esplendor, del que se sentiría orgulloso aquel giennense peruano que nunca te olvidó y del que no se han olvidado, porque una lámpara nos iluminará con su luz votiva para siempre, tal y como era su deseo. Cuando te vea entrar por mi renovada puerta, con o sin mi frente marchita, con o sin mis sienes plateadas, podré decir si veinte años o cien a casi doscientos, no son nada, porque siempre se vuelve al primer amor, el de una piedras centenarias, tu inmortal Camarín, por un Nazareno de mirada melancólica que porta al hombro el peso de las plegarias de todos los jaeneros: el Nazareno de los Descalzos. Semper fidelis.

                                              

Texto    Jesús C  Palomo                             Dibujo   Juan E. Latorre